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Ventilador mecánico: una oportunidad para resolver la dependencia tecnológica


Múltiples han sido los esfuerzos de las Casas de Estudios de Educación Superior chilenas durante la pandemia y la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile no ha estado al margen, involucrándose y liderando diferentes iniciativas para ir en ayuda de los recintos de salud. Un trabajo que, por cierto, también ha ratificado la preponderancia de evaluar de mejor manera la matriz productiva del país.

La pandemia generada por el coronavirus ha tenido actores claves en el país. Uno de ellos, las instituciones de Educación Superior, las cuales han sido actores claves en la red de laboratorios de diagnóstico universitario COVID-19, en el desarrollo de escudos faciales, entre otras tantas propuestas, que han sacado a relucir las capacidades del capital humano y las universidades locales.

El Dr. James McPhee, Vicedecano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, señala que “las universidades chilenas han mostrado una alta capacidad para generar iniciativas y contribuciones, no solamente en el contexto de pandemia, sino que en general. Muchas universidades han logrado mantener un alto nivel de actividad, a pesar del contexto muy complejo del año 2020, y eso ha sido posible gracias a políticas que de alguna manera u otra han dado cierta estabilidad al sistema, en lo que se refiere a la construcción de equipos humanos de excelencia y desarrollo de infraestructura”. 

En relación al prototipo de ventilador mecánico desarrollado en la FCFM y bautizado como B.AMBU, una versión mejorada del diseño que el Massachusetts Institute of Technology (MIT) liberó en marzo de 2020, la autoridad universitaria explica que requiere ser evaluado en pacientes humanos antes de ser utilizado, agregando que: “Esta fase de ensayos clínicos no se pudo realizar durante la primera ola de contagios. Como equipo, siempre hemos mantenido nuestro espíritu de contribuir en el esfuerzo de combate a la pandemia, bajo un principio de colaboración y de dirección estratégica, para que los esfuerzos realizados realmente se conviertan en una contribución”.

Una percepción que también es compartida por Rubén Fernández, académico del Departamento de Ingeniería Mecánica, quien añade que “antes de utilizarse ampliamente es necesario pasar por protocolos de validación más estrictos que los que se impusieron a mediados del 2020. En ese momento la incerteza obligó a generar protocolos de validación que pudieran cumplirse de manera rápida. Esto fue, a mi criterio, una decisión acertada pero temporal. Todo equipo médico debe someterse a un estricto régimen de pruebas”.

Resolver la dependencia tecnológica

 Durante este proceso, el equipo que fue parte de este proyecto evidenció una realidad que es peligrosa en contextos de estas características, donde las fronteras se cierran y los insumos comienzan a escasear.

Según explica el profesor Fernández, “todo el equipo concuerda en la necesidad de una matriz productiva más fuerte, sobre todo el desarrollo y producción de componentes tecnológicos. La pandemia y la crisis que hubo a principios de ella transparenta fuertemente la dependencia que tiene Chile de proveedores de productos tecnológicos”.

Respecto a la importancia de realizar desarrollos tecnológicos que consideren las características y particularidades de cada país, el Vicedecano señala que: “El desarrollo sostenible se vincula estrechamente con la visión de las comunidades y los territorios. Desde esa perspectiva, el desarrollo tecnológico no puede realizarse de manera desconectada. Al mismo tiempo, vemos que las soluciones que se desarrollan con amplios horizontes de aplicación son más viables desde el punto de vista comercial y financiero, por lo que se plantea un bonito desafío en cuanto a balancear estas dos miradas”. 

Para Fernández esto tiene que ver más que nada con el tipo de desarrollo tecnológico en el que se esté trabajando, destacando que se podrían pensar propuestas considerando fuentes más locales de materias primas. Sin embargo, aclara que “hay desarrollos que son menos endémicos, pero esto no quiere decir que necesariamente se deben importar desde afuera. Chile es capaz de desarrollar y producir para Chile y para el extranjero”.

El equipo estuvo integrado por académicos, estudiantes e investigadores de los departamentos y centros de la FCFM (Eléctrica, Mecánica, AMTC), además del Laboratorio de Fabricación Digital (FabLab) de la U. de Chile.

Un grupo multidisciplinario que, además, contó con la colaboración de varias empresas privadas para prototipar y producir de manera más eficiente, lo que generó una experiencia enriquecedora para todos.

“El trabajo, sobre todo en desarrollos tecnológicos, debe ser colaborativo con empresas privadas. Son ellas las que ponen las metas o los desafíos a superar y de esa manera los desarrollos pueden tener un efecto local y un beneficio, tanto para las empresas, como para el desarrollo tecnológico local. Es lo mismo con la producción de ciencia. Esta nos beneficia a todos, pero si es desarrollada y aplicable a un ámbito local su efecto e importancia se duplica, llegando más allá del mundo científico”, explica Fernández.

Comunicaciones OpenBeauchef


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