☰ Menú
OpenBeauchef

Laboratorio promueve que más chilenos se vuelvan inventores


AMALIA TORRES
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

No solo los estudiantes de ingeniería, sino que todos los interesados pueden acudir de manera gratuita a este centro. La idea es potenciar la creatividad y el trabajo multidisciplinario.

Piezas utilizadas en la construcción del satélite Suchai. Modelamiento de huesos con fines académicos. Un sistema que capta energía de las olas del mar y que permite alumbrar una casa. Un sensor que a través del ruido de un grillo avisa cuándo hay que regar las plantas. Y un elefante de juguete que baja una rampa. Estos son solo algunos de los proyectos que han nacido gracias al FAB 851, el laboratorio de fabricación digital de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

Para lograr darles vida a todas estas creaciones, en el laboratorio conviven impresoras 3D, máquinas CNC -que permiten fabricar con precisión sacando material-, plotters y escáners 3D, entre otros dispositivos, gracias a los cuales se puede crear cualquier prototipo a bajo costo.

«El laboratorio está abierto y es gratis para cualquier persona de fuera de la universidad que quiera hacer un proyecto de hardware abierto», explica Juan Cristóbal Zagal, director del laboratorio.

Quienes no quieren compartir en internet los planos de sus avances y tienen, en cambio, un fin comercial, deben pagar una mensualidad: 200 mil pesos para las empresas y 50 mil para las start-up . Ya hay tres de estas últimas trabajando en el lugar, un moderno piso de Beaucheff.

Las personas interesadas tienen que pedir una hora al e-mail fablab851@gmail.com para agendar un entrenamiento en la máquina que quieren utilizar y luego pueden iniciar su trabajo en el lugar, donde confluyen ingenieros, diseñadores, artistas, biólogos, y una larga lista de etcéteras.

Manuel Mata es parte de Elibat, un equipo de ingenieros eléctricos que están creando baterías de litio para uso residencial. «Es un respaldo energético. Es útil si se te corta la luz y tienes un sistema de seguridad cerrado, o si hay una emergencia, como un terremoto, y te quedas sin electricidad», explica. Para crear este sistema contrataron los servicios de Conforma, otra start-up , quienes los ayudan con el diseño.

«Cuando se juntan profesiones distintas se empiezan a cruzar datos y se puede compartir conocimiento. Muchas veces el proceso que resolvió un artista que estaba trabajando con resina puede implementarlo un médico en su área», dice Sebastián Sáez, administrador del laboratorio, sobre lo bueno de convivir con personas de distintas áreas.

Sin embargo, no es el único beneficio de este laboratorio. Para Zagal, el fin es claro: «Que el país no se quede atrás como le pasó en las revoluciones industriales anteriores. Habiendo más laboratorios de este tipo, no solo en la universidad, es posible que la gente empiece a inventar nuevos productos para que Chile esté más basado en conocimiento, que se creen productos, y no se viva tanto de las materias primas. La gente tiene que darse cuenta de que inventar un producto y saber cómo se fabrica no es algo de otro mundo, es una especie de cultura».

Fuente: Economía y Negocios

 


Subir